Eduardo Gudynas (2011) y Enrique Leff (2014) afirman que están germinando en todo el mundo y en particular en América Latina un conjunto englobante de ideas que se están forjando como reacción y alternativa a los conceptos convencionales sobre el desarrollo, progreso, etc., a partir diversas posturas, desde diferentes actores sociales y que están construyendo procesos desde una forma diferente de construcción de derechos colectivos y de otra racionalidad social (una basada en el ambiente) que pueden sentar las bases de un futuro sustentable. Uno de los procesos que más se destaca en nuestro continente es el que se ha configurado como el Buen Vivir.

 El término “Buen Vivir” tiene su origen en América del sur, en textos que hacen referencia a expresiones de grupos indígenas de los Andes, en particular Perú, Bolivia y Ecuador en la década de 1990. Algunos investigadores (Breton, et al. 2014) apuntan que el marco específico lo dieron la incorporación del concepto Buen vivir – vivir bien en las constituciones de Ecuador (2008) y Bolivia (2009) derivados de los términos Sumak kawsay en quichua y suma qamaña en aymara que a decir de Alberto Escobar “planteaban una alternativa al desarrollo” (Escobar, 2010).

 Los artículos y publicaciones que incluyen el concepto del Buen Vivir se han incrementado significativamente en el presente siglo. Según Omar Giraldo utopías como la del Buen Vivir se han venido configurando “desligadas de los discursos de verdad modernos, donde el individuo humano es aprehendido como único sujeto y centro del mundo, separado de la naturaleza, en la que él se representa a sí mismo como aquel que da medida a la totalidad existente, pero también, a las estrategias discursivas del Vivir Mejor, sintetizando en esta expresión las claves de la tradición moderna enumeradas por Günter, asociadas con las necesidades del capital.”(Giraldo, 2014, p.99) El mismo Giraldo afirma que el concepto del Buen Vivir aparece también en muchos de los pueblos originarios de América, expresado de diferentes formas pero teniendo puntos de encuentro en su configuración. En resumidas cuentas, como plantea Xavier Albó estaríamos hablando de “buenos vivires” (Citado en Oviedo, 2013, p.39)

 En tanto planteamiento plural, el Buen Vivir manifiesta la particular forma en que los diferentes pueblos originarios generan sus “conocimientos, los códigos de conducta ética y espiritual en la relación con el entorno, los valores humanos, la visión de futuro, entre otros, constituyendo una categoría central de la vida de las sociedades indígenas” esto comentado por Carlos Viteri Gualinga, kichwa amazónico, citado por Oviedo (2013, p.38) quien coincide con Giraldo respecto a la no coincidencia del Buen Vivir con el concepto de Vivir Mejor occidental. Según este autor kichwa, el principio al que responde el planteamiento del Buen Vivir es el de construir una sociedad solidaria y sustentable, que sólo puede ser comprendido cabalmente por la sociedad andina que le dio origen. El traduce el concepto original del Sumak Kawsay en una expresión más explícita que la de Buen Vivir: Convivir en Complemento.

El Buen Vivir como utopía no será una razón instrumental al servicio de una teleología estatal o epocal. Será ante todo un aprendizaje, una alternativa a la política neoliberal impuesta en América Latina, pero ante todo, un ethos acontecimental donde la Tierra es maestra que enseña a partir de su lengua cómo habitar poéticamente, en tanto en diversos tiempos y en diversas geografías, una plétora de comunidades vivas lo han venido haciendo” (Giraldo, O, 2014, p.11)

Tanto Noguera como Giraldo, Gudynas, Oviedo y los autores que buscan defender el planteamiento del estilo de vida de los pueblos andinos con sus principios, modelos, instituciones, etc. nos animan a estar atentos a no acercarnos a la propuesta del Buen Vivir desde la visión instrumental occidental y pretender convertirla en otra ideología que se imponga o combata a quien trata de contradecir sus principios, por el contrario, al acercarse a la utopía del Buen Vivir.  

 Se debe aceptar la existencia de muchas utopías diversas, múltiples y plurales, fundadas desde cada territorio y cultura, en donde cada una pueda pretender de la otra, dentro de un mundo que no pretenda crear monocultivos de la mente – en expresión de Vandana Shiva- sino reorientado a valorar la alteridad.

 Así mismo es preciso soslayar la evasión que significa imaginar una sociedad ideal que no es, pero que podría ser. Es mucho más saludable mirar lo que ya existe, en el aquí y el ahora, en pensamientos, acciones, valores y relaciones vivas, en las cuales podamos inspirarnos para volvernos creativos.

Las experiencias utópicas realmente existentes están siempre contaminadas, son utopías sucias, imperfectas además de efímeras. De modo que a quienes creemos en ellas no nos desazona demasiado descubrir que en verdad nunca hubo una edad de oro y que en todas las sociedades conocidas hay antagonismos. Es el nuestro un utopismo con tirones, desgarraduras y desencuentros. (Bartra, 2016)

“terca comunidad utópica” 

 

Partiendo de estas afirmaciones, se entiende entonces la importancia de que podamos posibilitar diálogos cotidianos, en los que puedan emerger verdaderas alternativas sistémicas en el día a día que puedan hacer frente a los paradigmas dominantes respecto a cómo mirar y concebir la realidad la vida y relaciones como sociedad, respecto a cómo relacionarnos con el medio ambiente y los sujetos que en el existen, que permitan descolonizar nuestro pensamiento sin pretender construir nuevas verdades permanentes, sino simplemente visiones que puedan ir más allá de la visión de desarrollo, progreso y eficiencia que nos ha desconectado de la posibilidad de generar esa “terca comunidad utópica” en la Naturaleza.

 Estos diálogos tienen un espacio privilegiado en los procesos educativos intencionados que como sociedad podamos generar. Si las alternativas se van entretejiendo con la adquisición de conocimientos no de forma parcial o aislada sino integrándolos desde una construcción tanto de las personas como de ambientes donde la relación sociedad naturaleza no se base en una visión dicotómica quizá podamos pretender de manera más plausible la construcción de futuros sustentables.

Bibliografía:

Breton. V. et. al (2014) En Busca del Sumak kawsay. Revista Iconos no. 48. enero 2014. Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales. Sede Ecuador.

Escobar, Arturo (2010). América Latina en una encrucijada: ¿modernizaciones alternativas, pos liberalismo o pos desarrollo? En Saturno devora a sus hijos. Miradas críticas sobre el desa­rrollo y sus promesas, Víctor Bretón (Ed.) Barcelona: Icaria.

Giraldo, O. (2014) Utopías en la era de la supervivencia: una interpretación del buen vivir. Universidad Autónoma Chapingo, Departamento de Sociología rural. México: Editorial Itaca.

Gudynas, Eduardo. (2011), “Buen Vivir: Germinando alternativas al desarrollo” en revista América Latina en Movimiento, Agenda Latinoamérica de Información, Quito, Ecuador.

Leff, Enrique. (2014) La apuesta por la vida. Imaginación sociológica e imaginarios sociales en los territorios ambientales del sur. S. XXI Editores. México.

Noguera, A. (2004). El reencantamiento del mundo. Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente –PNUMA- Oficina Regional para América Latina y el Caribe. Universidad Nacional de Colombia: IDEA.

Oviedo, Atawalpa. (2013) Buen Vivir vs. Sumak Kawsay. Reforma capitalista y revolución alter-nativa. Ciccus. Argentina.

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