En los tres años de la gestión de la Iglesia Católica por parte de Jorge Mario Bergolio bajo el nombre de Francisco la orientación de las propuestas en la concientización, formación y compromisos ambientales de parte de la Iglesia como institución han visto un incremento y avance significativo. Sobre todo, desde la publicación de la Encíclica Laudato Sí.

Brevemente destacamos los puntos más importantes que aparecen en este documento, que es una antología de referencias de la Doctrina Ecológica de la Iglesia, combinada con la visibilización de algunos de los posicionamientos de los científicos, movimientos y organizaciones en defensa de la tierra. (Ribeiro, 2015)

La misma Encíclica destaca los ejes temáticos que enfatiza

  • La íntima relación entre los pobres y la fragilidad del planeta.
  • La convicción de que en el mundo todo está conectado.
  • La crítica al nuevo paradigma y a las formas de poder que derivan de la tecnología.
  • La invitación a buscar otros modos de entender la economía y el progreso.
  • El valor propio de cada criatura,
  • El sentido humano de la ecología,
  • La necesidad de debates sinceros y honestos,
  • La grave responsabilidad de la política internacional y local,
  • La cultura del descarte y la propuesta de un nuevo estilo de vida. (Francisco, 2015, § 16)

Para abordar estos contenidos que considera centrales divide la presentación en seis capítulos:

Capítulo primero. Lo que le está pasando a nuestra casa (§§ 1-61)

Donde revisa la situación de la actual crisis ecológica, así como las posibles causas desde los descubrimientos científicos respecto del calentamiento global y la contaminación ambiental, planteando que el principal desafío de reconocer el clima como bien común de todos y para todos. Su alteración repercute en todos, pero sobre todo en los más pobres.

Plantea la necesidad de asumir la responsabilidad del cuidado de la casa común en diferentes aspectos: el agua, la biodiversidad y la deuda ecológica, fruto de la “debilidad de las reacciones a nivel de las instituciones y los estados”, el deterioro de la calidad de la vida humana y la inequidad planetaria.

Capítulo segundo. El evangelio de la creación (§§ 62-100)

En este apartado hace una recuperación del sentido bíblico respecto a la Creación, enfatizando en el destino común de los bienes creados y el papel de los cristianos en su cuidado.

Capítulo tercero. La raíz humana de la crisis ecológica (§§ 101-136)

En el tercer capítulo profundiza en las causas profundas de la crisis ecológica en un dialogo con la filosofía y las ciencias humanas. Hace una dura crítica al “paradigma homogéneo y unidimensional de la tecnocracia”, el “antropocentrismo autorreferencial”, el “superdesarrollo derrochador y consumista”, la lógica del “descarte” y de dominio.

Sin embargo, también resalta la capacidad del ser humano de usar su libertad para reconocer sus límites y encauzar de forma responsable desarrollando una ciencia con ética y una cultura de ecología integral.

Capítulo cuarto. Una ecología integral (§§ 137-162)

En este apartado abunda respecto a la propuesta central de la encíclica que es la ecología integral la cual debe incorporar “el lugar peculiar del ser humano en este mundo y sus relaciones con la realidad que lo rodea” y donde no podemos “entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida” (§ 139). Esto aplica para todo lo que vivimos en distintos campos: en la economía y en la política, en las distintas culturas, en especial las más amenazadas, e incluso en todo momento de nuestra vida cotidiana. “Si todo está relacionado, también la salud de las instituciones de una sociedad tiene consecuencias en el ambiente y en la calidad de vida humana: ‘Cualquier menoscabo de la solidaridad y del civismo produce daños ambientales’” porque “no hay dos crisis separadas, una ambiental y la otra social, sino una única y compleja crisis socio-ambiental” (§. 142)

 

Esta ecología ambiental «es inseparable de la noción de bien común» (§ 156), que debe comprenderse de manera concreta: en el contexto de hoy en el que «donde hay tantas inequidades y cada vez son más las personas descartables, privadas de derechos humanos básicos», esforzarse por el bien común significa hacer opciones solidarias sobre la base de una «opción preferencial por los más pobres» (§ 158). Este es el mejor modo de dejar un mundo sostenible a las próximas generaciones, no con las palabras, sino por medio de un compromiso de atención hacia los pobres de hoy como había subrayado Benedicto XVI: «además de la leal solidaridad intergeneracional, se ha de reiterar la urgente necesidad moral de una renovada solidaridad intrageneracional» (§ 162).

Capítulo quinto. Algunas líneas de orientación y acción (§§ 163-201)

En el quinto capítulo Francisco hace un llamado al diálogo sobre el ambiente en los diferentes contextos de la política internacional, nacional y local, favoreciendo debates sinceros y honestos desde los conocimientos científicos, las posturas éticas y las visiones religiosas que privilegien el uso adecuado de los bienes comunes mundiales más que los intereses particulares y los mecanismos del mercado.

Capítulo sexto. Educación y espiritualidad ecológica (§§ 202-42)

En este último capítulo vuelve al núcleo central de la ecología humana haciendo un llamado a una “conversión ecológica” que lleve a enfrentar la raíz de la crisis cultural que es profunda y que pasa por rediseñar hábitos y comportamientos. En este sentido la educación y la formación siguen siendo desafíos básicos: «todo cambio necesita motivaciones y un camino educativo». Deben involucrarse los ambientes educativos, ante todo «la escuela, la familia, los medios de comunicación, la catequesis» (§ 213).

 

El punto de partida es “apostar por otro estilo de vida, que abra la posibilidad de «ejercer una sana presión sobre quienes detentan el poder político, económico y social» (§ 206). Es lo que sucede cuando las opciones de los consumidores logran «modificar el comportamiento de las empresas, forzándolas a considerar el impacto ambiental y los patrones de producción» (§ 206). Pero «Una ecología integral también está hecha de simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo» (§ 230). Esto será posible gracias a procesos educativos de largo aliento que fomenten hábitos cotidianos concretos.

 

Mediante a una invitación a «La sobriedad, que se vive con libertad y conciencia, y que desde ella es liberadora», así como asumiendo que «la felicidad requiere saber limitar algunas necesidades que nos atontan, quedando así disponibles para las múltiples posibilidades que ofrece la vida» (§ 223), convoca a estilos de vida simple, haciendo posible «sentir que nos necesitamos unos a otros, que tenemos una responsabilidad por los demás y por el mundo, que vale la pena ser buenos y honestos» (§ 229).

Recuperación de la Visión General de la Iglesia

Pese que a Mediados del S. XX la visión general del magisterio de la Iglesia permanecía en una visión antropocéntrica y de dominación sobre el medio ambiente durante 60 años esta visión se fue actualizando hasta reconocer tanto que la diversidad de visiones de culturas y pueblos originarios que eran una riqueza para la humanidad, como el plantear seriamente la responsabilidad humana sobre las devastaciones que sobre el planeta el hombre había generado en la modernidad. Desafortunadamente, aunque algunas mentalidades dentro de la jerarquía han cambiado, para la mayoría de ellos estos temas no son una prioridad y por tanto esta nueva orientación tardará en ser asumida por parte de la mayoría de los fieles. Existen algunos esfuerzos por parte de instancias regionales e internacionales como la Conferencia Interamericana de Educación Católica (CIEC) por dar a conocer el mensaje de la Encíclica Laudato si´ en escuelas. O la Oficina Internacional de Educación Católica (OIEC) que con programas apoyados en organizaciones de la sociedad civil promueve procesos educativos que involucran a niños y jóvenes en la transformación de su entorno mediante el “I Can proyect”, desde la metodología “Design for Change”, promovida por la educadora hindú Kiran Bir Sethi.

http://w2.vatican.va/content/francesco/es/encyclicals/documents/papa-francesco_20150524_enciclica-laudato-si.html

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